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Enseñanza bíblica

Los Violentos del Reino (Entendiendo lo que está escrito)

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Los violentos del Reino…

(Entendiendo lo que está escrito)

Mateo 11:12 — Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.

Primero que todo quiero explicar qué significa la palabra violencia y violento. Según el diccionario de la Real Academia Española, significa: brusco, muy fuerte o intenso; que se sirve de la fuerza en lugar de la razón; alguien que se irrita con facilidad y tiende a insultar o atacar a otros; que está fuera de su estado o postura natural; comprometido, apurado. Es una acción de utilizar la fuerza y la intimidación para conseguir algo. Aparece también en las siguientes entradas: agresividad, arrebatar, arrojar, atropellar, brutal, canallada, disputar, doblegar, dureza, estallar, escupir, fiereza, forzar, furor, herir, fuerza, desgajar.

Hoy vamos a estudiar el significado bíblico de cómo Jesús dijo estas palabras, ya que este verso ha sido y sigue siendo de mucha controversia para muchos: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”.

Desafortunadamente, este es uno de esos versículos que es constantemente utilizado para respaldar actos o actitudes violentas de parte de mucha gente, incluso “el creyente o cristiano”. Escuchamos que “la gente del reino mata gigantes” y le pasa por arriba a cualquiera para “arrebatar bendiciones y promesas”, y hasta para justificar griterías y actitudes violentas en base a este pasaje. Los terroristas, en nombre de Alá y conociendo este pasaje, se suicidan poniéndose una bomba y matando a muchos. ¿Puede realmente utilizarse este versículo para justificar actos violentos, aun en nombre de Dios o para “buenas obras”? No. Este es uno de los muchos textos usados fuera de contexto.

A lo que la Biblia se refiere sobre la gente violenta en el reino de Dios es que son agresivos para vencer sus actitudes y luego poder arrebatar las bendiciones que Dios tiene. Aquí Jesús no habló de gente pleitista, peleonera, que ataca a otros por la fuerza, que se irrita con facilidad, que busca todo con intimidación, que grita o utiliza la fuerza y la intimidación para conseguir algo. Ese es el significado de la lengua española. Más bien, el rey David le pidió a Dios que le ayudara de los violentos: Salmos 140:1: “Líbrame, oh Jehová, del hombre malo; guárdame de hombres violentos”.

David entendía el significado de la palabra violento en el ser humano, por eso suplica a Dios que le guarde de este tipo de gente. Hay una gran diferencia en la interpretación humana y la enseñanza de parte de Dios. Proverbios 16:32 dice: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad”.

Hay mucha gente con diferentes caracteres: unos son más tranquilos que otros; hay quienes son impulsivos y otros metódicos; hay quienes se irritan fácilmente y a otros es muy difícil hacerlos molestar. Hay predicadores que son amorosos y te dicen las cosas con mucha amabilidad; sin embargo, otros no tienen cuidado y te dicen las cosas directamente para ofenderte o reprenderte y que cambies tus actitudes. Pero todos debemos tener la característica de ser violentos; solo así arrebataremos el reino de los cielos.

Jesús era amoroso. Él decía: “Haced bien a los que te hacen mal”; “a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos”; “al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues”. Jesús habló de hacer cambios internos.

La gente de aquel entonces no estaba acostumbrada a escuchar ese tipo de mensaje. Más bien, la ley que tenían era ojo por ojo y diente por diente. Estaban siendo reprimidos y oprimidos por el Imperio romano; esperaban al Mesías que les liberaría y sometería a los opresores. Esperaban a un guerrero, a un conquistador que se alzara en armas. Pero preste mucha atención: Jesús enseñó a tener dominio propio y no dejar que nada te mueva. Jesús habló de conquistar tus emociones para vivir mejor.

¿Quiénes son los violentos que arrebatan el Reino?

LA GENTE VIOLENTA QUE ARREBATA EL REINO DE LOS CIELOS SON AQUELLOS QUE ENTIENDEN Y ADQUIEREN LA CAPACIDAD DE VIOLENTARSE ELLOS PARA HACER TODO LO NECESARIO PARA BUSCAR DE DIOS.

Una vez más, preste atención: la violencia y la gente que tiene que convertirse en violenta comenzó en los días de Juan el Bautista, no antes… (salvo por sacrificio, por dar algo a cambio, pero ahora somos salvos por fe). “La fe sin obras es muerta”.

Anteriormente, la persona pecaba y para limpiar sus pecados iba al templo y ofrecía sacrificio y así se le perdonaban los pecados. Cualquier pecado que hubiera, la única forma que la persona podía ser perdonada por Dios era que hiciera sacrificio de animal y así sus pecados eran perdonados. Era una vida de apariencias, una vida vacía, sin esfuerzo, sin alterarse, sin tener que hacer mucho.

Juan el Bautista es el que comienza a preparar el camino a Jesucristo. Todo cambiaría; ya no sería más el mismo pacto, sino que con Jesús comienza el nuevo pacto. Mateo 26:28: “Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.

La forma de predicar de Juan era algo que nunca se había visto en toda la historia de la raza humana; ninguno antes hizo lo que él hizo o habló lo que él. Es más, no hay otro hombre mayor aparte de Jesús, lo que leímos al principio. Leámoslo completo: Mateo 11:11-15: “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga”.

La prédica de Juan se basaba en anunciar que llegaría el Mesías, el Cristo, y predicaba arrepentimiento a través del bautismo y hablaba de cómo cambiaría la forma de ser perdonados de los pecados.

Lucas 3:7-16: Juan decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: “¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego”. La gente preguntaba: “Entonces, ¿qué haremos?”. Él respondía: “El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo”. Vinieron también unos publicanos para ser bautizados y le preguntaron: “Maestro, ¿qué haremos?”. Él les dijo: “No exijáis más de lo que os está ordenado”. También preguntaron unos soldados: “Y nosotros, ¿qué haremos?”. Y les dijo: “No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario”. Como el pueblo estaba en expectativa y se preguntaba si acaso Juan sería el Cristo, Juan respondió: “Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”.

Juan comenzó a enseñar a ser violentos para arrebatar la salvación; a ser violentos para vivir una vida donde no se puede depender de otros como del padre Abraham para ser salvos. Decía que había que ser violentos con nosotros mismos para ser generosos: “El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo”. Violentos para vivir una vida sin calumniar a otros, para no extorsionar, para cambiar el estilo de vida de pensar solamente por uno mismo y olvidarse de los demás. Comenzó a hablar de un reino de violentos para arrebatar sus propias bendiciones.

Ahora Jesús está llamando a su pueblo a ser valientes para traer el “cielo a la tierra”.

La palabra que se utiliza para “violentos” proviene del texto griego original que se pronuncia “Biastés” (biastaí), que traducido significa “fuerza”, “impetuoso” o “contundente en una ansiosa búsqueda”. El sustantivo violento “Biastés” también significa hombre del género esforzado o violento. Implica vehemencia, dedicación: ejercer fuerza, esforzarse intensamente, presionar y actuar con determinación.

Se refiere a usar violencia para uno mismo (según el contexto). Personas que usan fuerza, personas decididas y enérgicas, personas que se esfuerzan intensamente. Los “violentos” serían aquellos que buscan el Reino con pasión y determinación, “abriéndose paso”, por decirlo así, no con violencia física, sino con una fe ferviente. Jesús estaba hablando de personas que se “hacen violencia a sí mismas”; es decir, que luchan contra el pecado, renuncian a sus deseos carnales y buscan a Dios con todo su corazón, que terminan lo que empiezan.

Muchos comienzan la carrera, pero cuando ven lo que implica se acobardan y no siguen más. Muchos entran a la carrera con ideas equivocadas de lo que es ser cristiano. Entran bajo emociones equivocadas y cuando esas emociones desaparecen dejan de perseverar. Algunos piensan que mostrar interés en las cosas de Dios es todo lo que se necesita para ser salvos. Pero Jesús nos dice que no es así. Solo los violentos —no dice los valientes, sino los que ofrecen violencia en las cosas de Dios— heredan el reino de los cielos. Mateo 7:21: “No todo el que dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.

Jesús mismo nos dice lo que es invocar su nombre de una manera afectiva: “Señor, Señor” no es suficiente para clasificar con una fe salvadora. Dice Jesús que la fe salvadora tiene que ir acompañada de obediencia. Jesús dice quién entrará en el reino de los cielos, es decir, quién se salvará: “el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Repito: la fe salvadora, lo dice Jesús, no digo yo, tiene que ir acompañada de obediencia. De eso trata el sermón de hoy. El joven rico parece que escuchó algo de esto y llegó a Jesús con una interrogante: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. Su final fue triste.

No todo el que se sienta en la iglesia a escuchar el mensaje predicado es nacido de nuevo. No todos los que se hacen miembros de una iglesia son necesariamente miembros de Cristo. Y no todo el que por años persevera en una iglesia, leyendo la Biblia, orando y ayunando, es necesariamente un hijo de Dios. Los que hacen su voluntad son los que vencerán.

Jesús dice: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia”. Juan el Bautista fue quien comenzó a predicar el evangelio de Jesucristo llamando al pueblo a preparar su vida para la llegada del Mesías. El evangelio que antes había sido prometido en Malaquías 3:1: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

Después de más de 400 años desde Malaquías, se cumple la profecía con la llegada de Juan. Hizo su entrada por medio de la predicación y, desde esos momentos, el reino de los cielos, los cielos mismos donde mora Dios, se acercó al ser humano con el nacimiento de Jesús. Él mismo decía: Mateo 4:16-17: “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.

Ahora el reino de los cielos que está entre nosotros sufre violencia. Anteriormente, muchos se apresuraban y se esforzaban para entrar en él. Lo vemos cuando Juan el Bautista comenzó a predicar el bautismo de arrepentimiento y las multitudes venían a su bautismo. Marcos 1:4-5: “Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados”. Y dice el verso 7: “Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado”.

  • Esta gente de aquel entonces era violenta para arrebatar su salvación.
  • Esta gente quería cambiar sus vidas para bien.
  • Esta gente era violenta para arrebatar su libertad y salvación.
  • Esta gente era violenta para dejar su comodidad y buscar de Dios.
  • Esta gente era violenta consigo misma para arrebatar el reino de los cielos.

Lo mismo ocurría con la predicación de Jesús. Las multitudes le buscaban. Las casas estaban llenas, de modo que si alguien quería ver a Jesús le era casi imposible entrar. Incluso los amigos de un paralítico tuvieron que hacer una abertura en el techo para lograr que Jesús lo viera y lo sanara. También recordamos la alimentación de los cinco mil y la de los cuatro mil. En otras palabras, desde que Juan comenzó a predicar que el Mesías había llegado y que Él vino a traer salvación y juicio, multitudes corrían con ímpetu y fuerza para entrar en el reino de los cielos y alcanzar la salvación. Mateo 14:35-36: “Cuando le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron noticia por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos; y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto; y todos los que lo tocaron, quedaron sanos”.

Recordemos a la mujer enferma de flujo de sangre por doce años. Ella fue violenta para arrebatar su sanidad, porque decía dentro de sí: “Si tocare solamente su manto, seré salva”. Me imagino que esta fue la que empezó el movimiento del toque del borde del manto de Jesús.

Aquellos que poseen la fe salvadora se esforzarán para llegar al cielo. ¿Quién quiere ir al infierno? ¿Quién desea ser condenado y destruido en cuerpo y en alma por toda la eternidad? ¿A quién le gustaría ser atormentado de día y de noche por los siglos de los siglos sin fin? El infierno es un horno de fuego donde los que van allí son castigados, quemados en cuerpo y en alma, sufriendo en inagotable agonía todos los días de su vida, por toda la eternidad y sin la más mínima posibilidad de que su sufrimiento termine. ¡Qué cosa más horrible! ¿A quién le gustaría ir allí?

Por eso muchos buscan entrar en el reino de los cielos. Pero muchos lo buscan equivocadamente. Muchos buscan ser salvos, no del pecado, sino del infierno. Muchos buscan ser salvos con sus pecados, no de sus pecados. Quieren ser salvos viviendo en pecado.

Jesús dijo a la mujer del flujo de sangre, también al ciego Bartimeo y al leproso que regresó a dar gracias: “Tu fe te ha salvado”. Su atrevimiento, esfuerzo y determinación les trajeron sanidad; pero su violencia, su fe, les otorgó salvación. Quiere decir que muchos son sanos o han recibido sanidad, pero no salvación.

Te pregunto: ¿eres tú violento para el reino de los cielos? ¿Te esfuerzas para entrar en él? Todo aquel que desea ser salvo debe ofrecer violencia para el reino de los cielos. ¿Por qué? Porque solo los violentos lo arrebatan. Solo los violentos entran en el reino de los cielos. Solo los violentos se salvan. Eso es lo que Jesús enseña. Fe sin obediencia a Dios es una fe muerta. Mateo 25:34: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Tienes que ser violento. Tienes que ofrecer y estar ofreciendo violencia para arrebatar el reino de los cielos.

La fe y la obediencia

LA FE EN JESÚS TE PUEDE SANAR, PERO SOLO LA OBEDIENCIA A DIOS TE PUEDE SALVAR. Juan 3:30-36: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe. El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio, este atestigua que Dios es veraz. Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. Esto lo dijo Juan antes de estar en la cárcel y enviar a sus discípulos a preguntarle si era el Cristo.

Todos tenemos que afianzar nuestra fe… para que Él crezca.

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